Escudo de las Américas, un nuevo paradigma de seguridad
En la década de los 60, la URSS pretendió que el mundo se enfrasque en una nueva contienda bélica, pero esta vez para derrotar definitivamente al capitalismo, representado por Estados Unidos, e instaurar el régimen comunista, obviamente, con ellos a la cabeza. Bajo esa idea, se llevaron a cabo las guerras de Corea, de Vietnam y la Crisis de los Misiles en el Caribe.
Justamente, fue este último acontecimiento que les dio un baño de realidad a los mandones soviéticos, ya que un enfrentamiento frontal contra Estados Unidos era un suicidio, pues el coloso norteamericano los superaba en números de efectivos, equipo militar, tecnología bélica y entrenamiento.
Sin embargo, los comunistas soviéticos no renunciaron a sus aspiraciones expansionistas y totalitarias. No obstante, no iban a enfrentar frontalmente a Estados Unidos, sino que usarían la Guerra híbrida: una mezcla de penetración cultural, infiltración en la opinión pública y el uso del crimen organizado como factor de desestabilización.
En la región, fue el G2 cubano quien estableció las conexiones entre la dictadura castrista y las organizaciones criminales. Aida Levy, la viuda de Roberto Suarez, el más grande narcotraficante boliviano de los años 80, relata como su difunto marido, en sociedad con Pablo Escobar y Fidel Castro, operó una red criminal que, literalmente, inundó de cocaína a los Estados Unidos.
En los años 90, las organizaciones terroristas creadas por Cuba, ELN, FARC y otras, como Sendero Luminoso, ya eran grandes cárteles del narcotráfico y el crimen organizado. Es decir, que para el nacimiento del Foro de Sao Paulo en 1990, ya habían reemplazado el financiamiento soviético por los narcodólares. Al respecto, Carlos Sánchez Berzain, en su artículo: El Escudo de las Américas es una coalición para la prosperidad, explica:
El socialismo del siglo 21 o castrochavismo, bajo mando de la dictadura de Cuba suplantó la política por el crimen organizado, tomó gobiernos en Latinoamérica, trasladó el eje de confrontación ideológico al crimen contra la libertad. Con narrativa antiimperialista, el grupo dictatorial de delincuencia organizada trasnacional instaló dictaduras/narcoestados en Cuba, Venezuela, Nicaragua, Bolivia, Ecuador y gobiernos para dictatoriales, todos penetrados o tolerantes con el crimen, alineados a las dictaduras extra hemisféricas de China, Irán y Rusia.
Estamos en condiciones de afirmar que las tres primeras décadas del Siglo XXI se caracterizan por el acelerado crecimiento del crimen organizado, las dictaduras y los narcoestados. Pero también para confirmar que ni la Guerra Fría ni las amenazas totalitarias habían quedado en el pasado, como pensó el profesor Fukuyama.
En ese sentido, Donald Trump, en la cumbre Escudo de las Américas, pidió reestablecer el orden y la ley mediante una lucha frontal contra el narcotráfico en la región. Asimismo, expresó: «Los cárteles mexicanos están alimentando y orquestando gran parte del derramamiento de sangre y el caos en este hemisferio, y el gobierno de Estados Unidos hará lo que sea necesario para defender nuestra seguridad nacional». De igual manera, destacó la operación para capturar a Nicolás Maduro en Venezuela y reiteró que la dictadura de Cuba «vive sus últimos momentos».
Es un hecho, que, desde la Cumbre de las Américas de 1994, los presidentes de América Latina no habían visto una postura tan clara para la región como la que expresaron Donald Trump y Marco Rubio el pasado 07 de marzo, ya que el gobierno de Estados Unidos ha comprendido que su seguridad, prosperidad y libertad dependen de mantener a sus vecinos del sur libres de las estructuras criminales.
Penosamente, debemos reconocer que el gobierno de Rodrigo Paz ha hecho muy poco para desmontar el narcoestado y el sistema dictatorial heredado del masismo. Es hora que se pongan hacer la tarea, porque la tibieza de Paz y su gobierno puede ser la oportunidad que tenga el castrochavismo para reagruparse en Bolivia.