Bolivia, punto caliente en la Yihad Global
Las relaciones internacionales de Evo Morales se caracterizaron por poner la diplomacia boliviana al servicio de cuanta causa antioccidental aparezca. Empezó rompiendo relaciones con Israel, luego expulsó a la DEA y, finalmente, selló acuerdos con la teocracia iraní.
En septiembre del 2007, Mahmmud Ahmadinejad realizó una gira relámpago por América Latina. Con el objetivo de reunirse con el cocalero Morales, una de sus escalas fue La Paz. Después de los honores diplomáticos, ambos dictadores cerraron acuerdos de cooperación por 1100 millones de dólares.
En septiembre de 2008, Evo Morales viajó a Teherán y acordó con Ahmadinejad acelerar la ejecución de proyectos conjuntos. En esa ocasión, los mandamases acusaron de injerencia en una nación soberana al Consejo de la ONU para las armas nucleares. Es más que obvio que al régimen de Irán no le interesaba otra cosa que no sea los insumos nucleares que abundan en el país.
Un año después, Irán patrocinó un canal de TV en el Chapare, principal bastión de los grupos de choque de Morales, y un hospital en El Alto. Varios opositores, entre ellos, la entonces diputada, Lourdes Millares, denunciaron que las doctoras y enfermeras eran obligadas a usar el velo islámico al interior del recinto hospitalario.
Los hechos hicieron evidente que toda esa «buena voluntad» de los ayatolas iranies no se trataba de ayuda técnica en el área de salud, sino de una avanzada colonialista del islam chiita.
El 2011, El general Ahmad Vahidi, ministro de Defensa iraní, en el departamento de Santa Cruz, inauguró la Escuela Antiimperialista. Hecho que marcó por completo la sumisión de las Fuerzas Armadas de Bolivia a los planes expansionistas de Irán, pues toda la enseñanza quedó en manos de militares y expertos iranies. En el acto de apertura del centro militar, Evo Morales dijo: «El objetivo de la escuela es construir un pensamiento anticolonial y anticapitalista que vincule a las FFAA con los movimientos sociales y contrarrestar la influencia de la Escuela de las Américas».
Durante la gestión de Arce Catacora, la avanzada militarista de Irán se consolidó, pues el 20 de julio de 2023, el ministro de Defensa Edmundo Novillo vuela a Teherán y firma con el general Mohamad Reza Qarai Ashtiani un memorando de cooperación en seguridad y defensa. El régimen teocrático describió el acuerdo como la venta de material bélico, el entrenamiento de personal, provisión de drones Shahed e intercambio de inteligencia.
Nuestros países vecinos vieron con preocupación esos acuerdos. De hecho, Patricia Bullrich denunció que Bolivia otorgó pasaporte boliviano a ciudadanos iranies, pero no a simples civiles, sino a miembros de las fuerzas de choque. Al respecto, Grover Colque, en su libro: Bolivia, amenaza asimétrica para las Américas, afirma: «La penetración iraní en Bolivia tiene dos aristas: 1) cambio de la doctrina militar y 2) formación de cuadros violentos, en especial, en los hot spots de Achacachi, la zona sud de Cochabamba y Chapare. Estos elementos entrenados y radicalizados son exportados a los conflictos de nuestros países vecinos».
En noviembre del 2025, Rodrigo Paz asume la presidencia del país, por segunda vez en dos décadas, Bolivia tiene la esperanza de salir de la pesadilla del Movimiento Al Socialismo. Precisamente, sus primeros pasos fueron en la dirección correcta, puesto que restableció relaciones con Israel, anunció el retorno de la DEA —expulsada por Morales en 2008—, y participó en la cumbre Shield of the Americas en Trump National Doral en marzo de 2026, integrándose al mecanismo regional de coordinación en defensa e inteligencia con doce países.
Sin embargo, a seis meses de gobierno, la realidad nos muestra que todo quedó en buenas intenciones. El Chapare sigue siendo un epicentro de crimen organizado y conflicto permanente; Abya Yala TV sigue al aire; los proyectos de cooperación civil iraní —hospitales, clínicas y plantas lecheras— no han sido auditados; no se han roto relaciones con Cuba; Bolivia no ha designado a Hezbolá, Hamás ni al CGRI como organizaciones terroristas, a pesar de la presión explícita de Washington, y no se han investigado la presencia de activistas iraníes en el país.
A modo de cierre, la actual crisis del país, con más de treinta días de bloqueos de caminos y varios muertos, no es un asunto exclusivamente nacional. Acá están participando todos los regímenes antioccidentales (Irán, Rusia, China y Cuba), puesto que pretenden convertir al país en el nuevo epicentro de sus operaciones. Algo que el gobierno parece no comprender o, todavía peor, no importarle.