Durmiendo con el enemigo, es hora de despertar
A principios de los años 80, incluso desde finales de los 70, la política mundial vio el surgimiento de tres figuras: Juan Pablo II, Margaret Thatcher y Ronald Reagan. Este trío de gigantes, cada uno en su esfera, fue influyente en la caída del comunismo, el derrumbe del Muro de Berlín y la desintegración de la Unión Soviética. Sin embargo, aunque usted no lo crea, llegar al poder para los tres no fue nada fácil; de hecho, fue contra todo pronóstico.
El polaco Karol Wojtyla, el segundo cardenal más importante de Polonia, era visto como demasiado intransigente en su anticomunismo para ser considerado como papable en una iglesia que buscaba normalizar las relaciones con las naciones de la Europa del Este. Asimismo, durante cuatro siglos los Papas habían sido de origen italiano. Ronald Reagan era considerado muy viejo rancio y conservador para ganar una elección. Thatcher, para los conservadores ingleses, era una figura de poca relevancia para ocupar altos cargos, pero, con algo de carambola, llegó.
¿Qué tenían en común el Papa, la primer ministro y el presidente?
Una fe inquebrantable en los pilares que sostienen nuestra civilización: a) el cristianismo como alimento espiritual y sostén de nuestra vida; b) el capitalismo como el mejor y único sistema que permite crear riqueza y alcanzar prosperidad, y c) la libertad individual como fundamento de la dignidad humana.
La caída del Muro de Berlín en noviembre de 1989 y la desintegración de la Unión Soviética en 1991 ponían fin a siete décadas de totalitarismo comunista. Obviamente, en Occidente descorchamos las botellas de champaña; no obstante, la realidad, décadas después, nos mostró que pecamos de optimistas e ingenuos.
Resulta que la amenaza totalitaria ya tenía una estrategia para sobrevivir al derrumbe soviético.
Primero, desde el Concilio Vaticano II (1962 – 1965), en el corazón mismo del catolicismo, se había infiltrado la Teología de la Liberación. En América Latina, la Teología de la Liberación fue impulsada por una serie de teólogos y sacerdotes, entre ellos, Gustavo Gutiérrez, Leonardo Boff y Luis Espinal. Bajo el sofisma de «amar a los pobres», estos activistas de la revolución pretendían vaciar toda la riqueza teológica del catolicismo para reemplazarla por la militancia comunista. Su mayor éxito fue en Brasil, pues sus grupos de estudio y cédulas de entrenamiento fueron la base del Partido de los Trabajadores (PT); la plataforma que llevó a Lula Da Silva al poder, algo que el propio Leonardo Boff admitió.
Segundo, ya habían encontrado nuevos fetiches revolucionarios. Por ejemplo, en los años 80, la izquierda de la Europa democrática remplazó al obrero por el migrante como sujeto revolucionario. En sencillo, ya no militarían exclusivamente en la causa obrera, ahora también lo harían en el Bienvenidos refugiados.
Lo que, al principio, parecía una causa humanitaria, con el correr de las décadas, acabó por socavar la convivencia y la paz en varios países. El 31 de diciembre del 2015, en la ciudad alemana de Colonia, un grupo coordinado de unos 1000 hombres acosaron sexualmente y robaron a múltiples mujeres. A los pocos días, la fiscalía de la ciudad dio a conocer los resultados de la investigación: 471 crímenes sexuales y 621 asaltos violentos. De los 78 detenidos: 30 eran de Marruecos, 27 de Argelia, 4 de Irak, 3 de Siria y el resto eran alemanes, pero de origen africano.
La alcaldesa Henriette Reker solicitó a la prensa que no informara sobre el origen étnico de los violadores, pues, según ella, era alimentar el «discurso de odio» de los grupos antinmigración ligados a la «extrema derecha».
El 15 de agosto de 2026, la ciudad española de Ceuta fue invadida por hordas de marroquís. Agentes policiales han informado que, hasta el 05 de septiembre, ya se habían confirmado 15 violaciones realizadas por los invasores, varias de ellas a menores de edad. La respuesta de Pedro Sánchez, presidente español, no fue en defensa de sus ciudadanos y su patria, sino en apoyo a los grupos de bárbaros. Durante una entrevista en TVE, Sánchez dijo: «Creo que también es importante ser conscientes de que necesitamos infraestructuras de acogida de mayor envergadura para los migrantes que lleguen»
Note que la dinámica de Sánchez y Reker no se trata de ayudar al migrante, sino de legitimar a los criminales. Ambos están siguiendo la receta de Willi Muzenberg: «corromper la cultura de Occidente hasta lograr destruirla». Algo que también se puede ver en las últimas pruebas PISA, cuyos resultados mostraron que la generación actual tiene los peores rendimientos en lectura y matemáticas.
¿Existe salida?
John O’Sullivan, en un libro dedicado a los tres grandes con los que abrí este artículo, explica que nuestra mayor fortaleza es, justamente, la capacidad de enfrentar el miedo con esperanza. No somos perfectos, pero somos mejores que nuestros enemigos.