Brasil, entre la impunidad y la democracia
El economista Paul Collier, en su libro: La democracia en lugares peligrosos, ha descrito algunas características que impiden el desarrollo democrático en los países subdesarrollados: 1) Voto identitario, guiado por pertenencia étnica, pero no por los méritos y virtudes del candidato; 2) la política como mecanismo de enriquecimiento ilícito, eso le resulta atractivo a los peores elementos de la sociedad, incluso a los criminales; 3) los bajos niveles de educación ocasionan que los votantes participen en procesos electorales sin comprenderlos; 4) los delincuentes se involucran en la política para buscar inmunidad legal, y 5) los procesos electorales están, en la mayoría de los casos, amañados y llenos de trampas, por ejemplo, ampliar horarios de sufragio o amenazar a los jueces electorales.
Desde hace dos décadas, en los países bajo la sombra del Socialismo del Siglo XXI, en América Latina los procesos electorales han estado, en gran medida, amañados con manipulaciones y fraudes; ejemplos sobran: Bolivia 2019, Venezuela 2024 y el más reciente, Brasil 2026. Las razones son obvias: 1) la necesidad urgente de tener un bastión que sirva de centro de reagrupación de la criminosa izquierda latinoamericana, y 2) la búsqueda de impunidad, pues Lula sabe que entregar el poder significa cambiar la silla presidencial por una celda. Al respecto, Carlos Sánchez Berzain, en su artículo: Reelección de Lula: continuismo paradictatorial e inseguridad para las Américas, afirma:
Lula no entregará el poder, es la doctrina del dictador Castro y Lula es el último castrista con poder real. Tiene la misión de sostener el sistema de agresión permanente a la libertad y la democracia fundado en la delincuencia organizada trasnacional, que se viene abajo desde el cambio geopolítico iniciado por Estados Unidos en 2025. Los anuncios de anulación de elecciones de Flávio Bolsonaro tienen en contra el sistema, los jueces y los hechos consumados el fait accompli.
El dudoso triunfo de Lula tiene efectos muy peligrosos para la seguridad de la región, ya que el soporte a la estructura criminal del Foro de Sao Paulo se encuentra intacta. Asimismo, la teocracia iraní ve en Brasil la plataforma perfecta para continuar con el proceso de islamización de las Américas. En efecto, El presidente de Irán, Masud Pezeshkian dijo:
Espero que, durante su nuevo mandato, las relaciones de amistad entre Irán y Brasil se expandan aún más y que la cooperación entre ambos países en áreas de interés común avancen, en línea con los intereses comunes de las dos naciones y el refuerzo del multilateralismo, el desarrollo y la paz internacional.
Aparte de ese, nada alentador, panorama político, los indicadores económicos están en rojo. La inflación a septiembre alcanzó un 4,58%, ocho puntos por encima del 4,5% proyectado a principio de año. La BBVA Research pronosticó un crecimiento del 2,1% para 2026 y del 1,8% para 2027, pero con riesgos a la baja por condiciones monetarias restrictivas y la incertidumbre sobre la consolidación fiscal poselectoral. Bradesco, por su parte, proyectó el cierre de 2026 con 1,3% y sólo 1,0% para 2027.
Pero el tema se complica más, puesto que Lula apuesta por el incremento del Gasto Público mediante su programa Novo PAC y una mayor presión tributaria a los más ricos. A la larga, ambas medidas generan desempleo y desinversión, pero, en el corto plazo, sirven para movilizar pasiones en los sectores afines al populismo. Para el exdirector del Banco Central, Luiz Fernando Figueiredo, el plan de Lula es la ruta más rápida a la recesión económica.
Por otra parte, en octubre 2024, en un operativo contra el Comando Vermelho, el gobernador de Rio de Janeiro, Claudio Castro, denunció que no recibió apoyo de Lula; incluso él mismo impidió que la Armada de Brasil participe en el operativo junto con la Policía de Rio.
¿Qué podemos concluir de todo esto?
La reelección tramposa de Lula es un tubo de oxígeno para Cristina Fernández, Evo Morales, Rafael Correa y Luis Arce, sus socios criminales. De igual manera, es una garantía de impunidad para que los grupos armados y las pandillas narcoterroristas sigan operando en Brasil y en los países fronterizos, verbigracia, Bolivia. También es una señal que la inseguridad seguirá presente en la región, además del tráfico masivo de drogas. Pero, lo más importante, nos recuerda a quienes queremos vivir en una mejor región que, como diría Thomas Jefferson: El precio de la libertad es la eterna vigilancia. No es momento de bajar los brazos, es solamente una pequeña batalla perdida.