Francia arde al ritmo del multiculturalismo
Unos años atrás, un productor de cine de mi natal Cochabamba me decía: «Francia es una potencia en cultura porque el gobierno destina grandes dosis de dinero a los productores artísticos». Efectivamente, según datos del ministerio de cultura de Francia, para el año 2025, se destinó un presupuesto (acumulado entre varios ministerios) de 17000 millones de euros a la cultura. Empero, cayó en saco roto mi intento de explicarle que todo lo que gasta el Estado causa inflación y mayor presión tributaria. Con mucha sabiduría, mi abuela solía decir que es imposible razonar con quien debe su plato de lentejas a una militancia, y en el caso del cineasta en cuestión, ¡qué lenteja!
Pero no todo lo que brilla es oro, y como dije al principio, tarde o temprano llega la cuenta del derroche estatal. En su artículo, Francia ardiendo es la antesala de una Europa que ya no puede pagar, Mauricio Ríos García explica:
La deuda pública francesa alcanzó el 119% del PIB a mediados de 2026 según el INSEE, cuando en 1978 era el 21,6%. El déficit fue del 5,1% en 2025 y se espera del 5,4% en 2026, con Francia bajo procedimiento de déficit excesivo. El gasto público pasó de cerca del 35% del PIB en los años sesenta a más del 57% hoy. Y no fue solo el Covid, pues la deuda ya rozaba el 98% del PIB en 2019.
Un Estado que gasta más de lo que ingresa, no tiene exclusivamente un problema fiscal, sino, especialmente, de incentivos. Décadas de asistencialismo permitieron que el país se llene de gente que no busca integrarse, sino lactar de las tetas del gasto fiscal. Los franceses están frente a una irónica tragedia, ya que esos números en rojo se generaron porque su gobierno ayudaba a los salvajes que hoy intentan destruir el país: musulmanes que no tienen ninguna intención de integrarse a la cultura francesa, se trata del clásico: cría cuervos que te sacarán los ojos.
El actual caos empezó con un grupo de estudiantes pidiendo mejoras en la educación pública. Pero, rápidamente, la protesta fue secuestrada por grupos de violentos muy bien entrenados, que, eureka, responden a más de 50 agrupaciones de izquierda, entre ellas, La France Insoumise, el Partido Comunista Francés y la Confederación General del Trabajo (CGT), además de distintas federaciones estudiantiles y sindicatos del sector educativo.
Asimismo, durante los disturbios, han participado organizaciones que, junto con cánticos contra el capitalismo, exhibieron banderas con la hoz y el martillo, enseñas palestinas proHamás y pancartas contra las denominadas «guerras imperialistas», consignas demasiado alejadas de los motivos por los cuales arrancaron las protestas en septiembre pasado.
Además, sería muy ingenuo seguir pensando que estudiantes de secundaria tienen la logística para incendiar el ayuntamiento de Limoges, destrozar edificios públicos en Marsella y saquear bancos en Grenoble. Estamos frente al clásico conflicto asimétrico donde, de un lado, tienes a piratas del asfalto muy bien entrenados en violencia callejera, y del otro, a unas fuerzas del orden que, incluso con toda esa violencia, tienen muy limitado el uso de técnicas y tácticas antidisturbios. Al respecto, Oliver Pérez, excapitán de la Policía de Venezuela, explicó:
En mi opinión, las fuerzas policiales francesas están muy suaves y blandas en sus mecanismos para controlar alteraciones del orden público de esta magnitud. Corretear manifestantes no disuelve protestas; hay que identificar a los líderes y detenerlos, avanzar en bloque como los vikingos con su muro de escudos, romper la formación y rodearlos; luego lanzarlos a la jaula como perros. No obstante, lo más probable, es que la orden superior sea limitar lo máximo posible el uso de la violencia.
Honestamente, creo que el capitán Pérez está de lo más acertado, ya que el antipunitivismo es uno de los grandes virus que se infiltró en los sistemas de justicia y defensa de Occidente.
El otro gran virus es el multiculturalismo, cuyos resultados reales son la islamización y la destrucción de la cultura occidental. Tenemos que proteger cuanto antes a América Latina de ese peligro que, como lo advertí en mi libro: La guerra asimétrica en las Américas, ya lo tenemos en medio de nosotros.