Los costos y la tecnología terminaron con la esclavitud
Novelas como: La cabaña del tío Tom, autoría de Harriet Beecher Stowe, han posicionado la idea de que la esclavitud fue un suplicio exclusivo de los negros y, por ende, la maldad como un monopolio de los blancos. Cosa que es, a todas luces, falsa, que, además, parece un calco del mito del buen indígena que ya hablamos en anteriores artículos, veamos:
Los negros no fueron el único pueblo esclavizado a lo largo de la historia. De hecho, el término esclavo tiene referencia en el latín medieval como sclavus, como referencia por los pueblos eslavos, como slovĕninŭ, quienes se ubicarán geográficamente en su mayor parte en Europa del Este, y que sufrieran el abuso la comunidad musulmana española en el siglo IX.
En realidad, hasta el sol de hoy, los regímenes islámicos no son para nada respetuosos con los Derechos Humanos. Por ejemplo, en los años 80, Irán se enfrascó en una brutal guerra contra Irak. Cuando el dictador iraquí, Saddam Hussein, olfateó sangre en el desorganizado Irán posterior a la Revolución, intentó tomar por la fuerza su acceso al Golfo Pérsico. Irán había purgado recientemente a su ejército profesional de los leales al Sha depuesto; por ende, no estaba preparado para librar una guerra. El ayatolá Jomeini no era un comandante militar, sino el líder de una facción de fanáticos. En su visión del mundo, no existe diferencia entre un civil y combatiente. No dudó un segundo en reclutar niños para que cumplan una única misión, caminar en los campos minados para que luego los tanques iranies puedan circular sin peligro de explotar.
Entonces, queda claro que la esclavitud existió, penosamente, todavía existe, en todos los pueblos a lo largo del mundo.
Por otra parte, Thomas Sowell, economista e historiador afroamericano, explica que la esclavitud en Estados Unidos fue muy variopinta. Algunos dueños de esclavos, por citar un caso, preferían contratar irlandeses con sueldo antes que arriesgar a sus esclavos en tareas peligrosas, entre ellas, descargar barcos o mover cargas pesadas. Asimismo, el elevado precio de los esclavos, hizo que los dueños los vean como un capital más que como un bien desechable. El mismo Sowell, en su ensayo: La economía de la esclavitud, explica:
La manufactura de tabaco exigía mucho más iniciativa, atención y destreza por parte del trabajador individual, y los esclavos que trabajaban en las fábricas de tabaco recibían un trato muy distinto del que imperaba en los algodonales. Se les pagaba en efectivo, con bonificaciones o sobresueldo por las horas adicionales, además de asignaciones especiales en dinero para la compra de los artículos alimenticios y el alquiler de su vivienda, que elegían ellos mismos en el mercado inmobiliario local. En resumen, la vida del esclavo no se diferenciaba de la de cualquier empleado que vive donde quiere, elige la comida que más le agrada, y va y viene todos los días de la casa al trabajo sin ningún problema.
Donde se aplicaba mano dura, hasta castigos físicos, fue en los Estados del Sur. Sin embargo, la misma comunidad empezó a criticar el maltrato contra los esclavos. Pero, adicionalmente, hubo otro factor que cuestionó la esclavitud: los rendimientos económicos.
Los dueños de las plantaciones se percataron de algo, reprimir, perseguir y castigar esclavos resultaba sumamente caro, tanto que superaba los rendimientos, algo que ya había dicho Adam Smith en 1776. Pero los argumentos de Smith no se redujeron al plano económico, el padre de la economía condenó la esclavitud desde el plano moral.
En conclusión, la esclavitud era un simple dato de la existencia y se encontraba normalizada alrededor del mundo. Pero fue solo Occidente, particularmente el mundo anglosajón, el que puso por primera vez fin a esta práctica inhumana a nivel global, y hubo un país, Inglaterra, que la combatió globalmente, y otro país, Estados Unidos, que peleó una guerra civil a gran escala para acabarla en su territorio.