Bolivia: un presidente sin poder y un narcoestado descontrolado
El 4 de mayo tomaron posesión los gobernadores y alcaldes electos en las pasadas elecciones regionales. Mientras que, en Santa Cruz, como era de esperarse, ganó la visión a favor de las libertades económicas, la competitividad y el progreso, en el resto del país, con salvadas excepciones, se impuso el caudillismo, Manfred Reyes Villa, por ejemplo, y los candidatos afines al Socialismo del Siglo XXI, Leonardo Loza, es el caso más notorio.
Justamente, Leonardo Loza invitó a su posesión a los embajadores de Rusia e Irán. La acción no fue un mero acto protocolar, sino una clara afrenta a la gestión del presidente Rodrigo Paz, una especie de recordatorio que ellos todavía conservan el poder, aunque Paz sea el presidente.
Además, es necesario recordar que muchas de las estrategias que usó la izquierda boliviana en los conflictos de inicios de siglo, entre ellos, la Guerra del Agua, Febrero Negro y la Guerra del Gas, fueron métodos aprendidos de los iranies. ¿Recuerda que los «movimientos sociales» ponían en primera línea a mujeres y ancianos? Es un calco de los Sar Allah (Guerreros de Dios), un escuadrón conformado por mujeres y niños que iban delante de los tanques y soldados para limpiar los campos minados durante la guerra Irán versus Irak en la década del 80.
Por si fuera poco, a todo lo anterior, hay que sumarle otro factor: el crimen organizado.
Desde el año 2020, han crecido las incautaciones de cocaína boliviana en Brasil, especialmente en el estado fronterizo de Mato Grosso. Fenómeno que es un indicio de la creciente importancia de Bolivia como país de origen y tránsito de una gran parte de la cocaína que se dirige hacia los mercados europeos. Al respecto, Grover Colque, experto en seguridad y prevención del delito, explica:
El país sigue siendo el tercer mayor productor mundial de cocaína, y se estima que entre el 27 y el 40 por ciento de la producción de coca de Bolivia se utiliza con fines ilícitos, mientras que el resto ingresa al mercado legal. La ubicación del país en el corazón del tráfico de drogas de Suramérica, así como unas fuerzas de seguridad débiles y corruptas, también son factores que facilitan el papel de Bolivia como país de tránsito de los estupefacientes con rumbo a Brasil, Paraguay, Estados Unidos, Europa y, cada vez más, Asia. Por el puente aéreo entre Perú y Bolivia pasa alrededor de la mitad de la cocaína peruana, y los narcovuelos entre el país andino y sus vecinos aumentan cada vez más.
Adicionalmente, desde hace dos décadas, los cárteles mexicanos, brasileros y colombianos tienen presencia en Bolivia. De hecho, se sospecha que dos de las organizaciones criminales más poderosas de Colombia, Los Urabeños y Los Rastrojos, operan en el oriente del país.
De igual manera, según el Ministerio Público de Brasil, el Primer Comando Capital (PCC), la pandilla más peligrosa de Brasil, tiene 146 miembros operando en Santa Cruz, Beni y Cochabamba. Bolivia se ubica como el cuarto país con mayor número de miembros del PCC fuera de Brasil, solo superado por Paraguay (699), Venezuela (656) y Uruguay (150).
El Tren de Aragua es una banda criminal de origen venezolano. Esta mafia se apoderó desde 2018 del norte de Chile y se dedica a la trata y tráfico de mujeres con fines de explotación sexual como su principal fuente de ingresos, incluso más que el tráfico de drogas y de armas. Pero, además, se dedica a la extorsión, al sicariato, al lavado de dinero y ahora amplió sus tentáculos a la minería ilegal. En Bolivia existe un grupo que opera sobre todo en la frontera con Chile. La localidad de Pisiga fue el primer poblado boliviano que pisó el Tren de Aragua y desde ahí se expandieron a ciudades como Santa Cruz de la Sierra, La Paz, Cochabamba y Oruro.
Para Douglas Farah, experto en pandillas de tercera generación, en Bolivia se está conformando una alianza muy peligrosa entre los radicales islámicos, de la mano de Irán, con los grupos de crimen organizado transnacional, que, de una u otra manera, acaban respondiendo a la dictadura castrista.
En conclusión, Bolivia tiene un presidente sin poder en un narcoestado descontrolado.